Gestión Humana

Maryam Varela

Inteligencia Emocional para Directivos

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Las normas que gobiernan el mundo laboral están cambiando. En la actualidad no solo se nos juzga por lo más o menos inteligentes que podamos ser, ni por nuestra formación o experiencia, sino que también por el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.

A la hora de afrontar este programa formativo partimos de una reflexión de Daniel Goleman: “Los profesionales más brillantes destacan no solo por sus logros personales, sino por su capacidad de trabajar en equipo y por maximizar la producción del grupo. Por el contrario, los profesionales que se resisten al cambio o que no afrontan conflictos resultan tóxicos para toda organización”.

El verdadero diferencial hoy en día es la inteligencia emocional, que se revela, tanto a nivel individual como colectivo, como el ingrediente fundamental de la competitividad. Aunque los conocimientos, la experiencia y el CI (Cociente Intelectual) tengan su importancia como requisitos, en la actualidad son las competencias emocionales (capacidades adquiridas basadas en la inteligencia emocional, que dan lugar a un desempeño profesional excelente) los factores que determinan los resultados superiores en el puesto. Cuanto más complejo sea el trabajo, mayor es la importancia de la inteligencia emocional. Y es en la cúpula de la pirámide organizativa donde la relación entre inteligencia emocional de los líderes y resultados de la empresa es verdaderamente espectacular.

Es común observar personas con grandes dotes innatos, que por no conocer su potencial, optan por imitar a otros; obteniendo en consecuencia resultados desastrosos. No se trata de imitar, ni adoptar la personalidad de otro, se trata de ser uno mismo. Afortunadamente, como lo prueban los últimos estudios en conducta humana y neurociencia, todos tenemos el potencial de mejorar nuestra inteligencia emocional en cualquier momento de nuestra carrera.

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